El tiempo.

La semana pasada partió a otro plano un querido amigo, a estas alturas ya son varios, los años no pasan en vano, y que decir de lo que hemos aprendido. Tanto orgullo, vanidad y egoísmo a veces, así me sentía, uno nunca tiene tiempo para nada, ni menos para los amigos, hemos caído en la costumbre y a veces maldita necesidad de tener que agendar todo, para ordenar nuestro poco tiempo, añoro aquellos días en que las juntas de amigos se resumían en improvisar algo, sin tanta preparación, de hecho era conversar un rato y ya, esos momentos que son únicos e irrepetibles, al final los años pasan como el agua entre los dedos y solo queda mirar atrás con nostalgia, aquel tiempo que no volverá, lo único que nos queda es cambiar ahora pero cada vez se hace más difícil.

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Mi experiencia en Horcón

 

Horcón tiene una especie de magia única, un lugar que evoca al pasado, llena de personajes con historias interesantes, al llegar a la caleta uno ya nota algo distinto, mirando a los pescadores cuando van llegando en sus pequeñas embarcaciones, se aglomera el público alrededor para sacarse “selfies”, o solo mirar de puro”copuchentos“, las gaviotas con sus a veces escandalosos gritos llenan el paisaje junto a algunos pelicanos, varios puestos de artesanos de la zona se van encontrando en el camino ademas de los lugares típicos de comidas. La Caleta es un lugar pequeño, casi familiar, siempre se ven las mismas personas, con el pasar de los días uno ya se va familiarizando con algunas caras. Los antiguos hippies siempre están ahí, o tocando música, o en un eterno carrete o bien tienen algún puesto en la feria artesanal.

 

La feria artesanal se encuentra en uno de los extremos del camino principal de la caleta, en ella hay una docena de puestos, donde se puede encontrar casi de todo. La feria tiene una pequeña salida al final que nos lleva al “puente de los deseos”, en aquel lugar lleno de roqueríos esta el puente, repleto de cintas de todos colores, en las cuales los visitantes escriben sus deseos y los van dejando amarrados al puente.

 

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Lo único negativo creo, y con los años se ha ido acrecentando son los mismos visitantes que van llegando, lamentablemente en nuestro país no existe tanta cultura con respecto a dejar limpios los lugares públicos, en la misma caleta se ven los papeles de helados o botellas plásticas flotando en la orilla del mar, en la arena es común encontrar botellas quebradas las cuales son un peligro sobretodo para los niños.  La alternativa para los que se quieren bañar en el mar es la playa Cau-Cau, la cual se encuentra a unos 10 o 15 minutos caminando desde la Caleta. El lugar es bastante limpio en comparación con la caleta, aunque uno en la bajada se va encontrando con restos de basura, me refiero a bajada porque Horcón esta lleno de cerros, algunos lugares bien empinados, no apto para personas que no les gusta el deporte o muy sedentarios. La bajada a Cau-Cau consta de una escalera bastante maltrecha, cada año esta peor, ahora esta en algunos tramos sin escalones y con la baranda a punto de caer, definitivamente no sirve para afirmarse, es un claro riesgo para las personas mayores y los niños muy pequeños. Al llegar abajo uno piensa que vale la pena el esfuerzo, pues nos encontramos con una linda playa, casi limpia por completo y con gente muy tranquila. Creo que el filtro principal a esa playa es la misma bajada, la cual no creo que la vayan a reparar porque casi todos esos lugares son privados, y los residentes de los condominios por alguna u otra razón querrán mantener el lugar limpio como esta y no que se convierta como las otras playas que hay alrededor de Horcón.

En resumen, Horcón es un lugar muy tranquilo para descansar, con gente muy amable en su mayoría y que definitivamente hay que conocer porque es parte también de nuestra historia.